Con el paso de los años, el organismo cambia y también la forma en que responde a ciertos medicamentos. Lo que antes parecía inofensivo puede convertirse en un riesgo importante para el corazón después de los 60. Muchos adultos mayores toman remedios comunes para el dolor, la gripe, la acidez o el cansancio sin imaginar que algunos pueden elevar la presión arterial, favorecer coágulos o exigir demasiado al sistema cardiovascular.
Esto no significa que deban suspender tratamientos por cuenta propia, sino que es fundamental conocer los riesgos y hablar con un profesional de confianza.
1. Descongestivos para gripe y resfrío
Medicamentos usados para destapar la nariz, como los que contienen pseudoefedrina o fenilefrina, pueden contraer los vasos sanguíneos y acelerar el ritmo cardíaco.
En personas mayores, especialmente si ya tienen hipertensión, colesterol alto o arterias endurecidas, esto puede aumentar el riesgo de angina, arritmias o incluso infarto.
Opciones más seguras
- Solución salina nasal
- Vapor de ducha caliente
- Humidificador de ambiente
- Consulta médica si la congestión persiste
2. Antiinflamatorios comunes
Fármacos como ibuprofeno, diclofenac o naproxeno son muy usados para dolores musculares, espalda, rodillas o cabeza. Sin embargo, su uso frecuente puede:
- Elevar la presión arterial
- Retener líquidos
- Sobrecargar el corazón
- Favorecer la formación de coágulos
En personas con antecedentes cardíacos deben utilizarse con mucha precaución.
Alternativas posibles
Dependiendo del caso, el médico puede indicar paracetamol u otras opciones menos agresivas para el corazón.
3. Protectores gástricos usados por largos períodos
Medicamentos como omeprazol, pantoprazol o esomeprazol son útiles en tratamientos específicos, pero muchas personas los consumen durante meses o años sin control.
El uso prolongado e innecesario se ha relacionado con diversos problemas metabólicos y cardiovasculares, además de déficit de vitamina B12, magnesio y alteraciones digestivas.
Lo importante
Si llevas mucho tiempo tomándolo, conviene revisar si realmente aún lo necesitas.
4. Estimulantes para concentración, energía o adelgazar
Algunos medicamentos o suplementos usados para mejorar el enfoque mental, bajar de peso o aumentar energía pueden subir la presión, acelerar el corazón y generar estrés cardiovascular.
Esto incluye ciertos productos “naturales” vendidos sin receta que contienen estimulantes ocultos.
Atención especial
Después de los 60, cualquier sustancia que acelere el corazón debe ser evaluada cuidadosamente.
5. Corticoides
Medicamentos como prednisona o dexametasona pueden ser muy útiles cuando están bien indicados, pero su uso repetido o prolongado puede:
- Subir la glucosa
- Aumentar la presión
- Retener líquidos
- Alterar colesterol y triglicéridos
Todo esto incrementa el riesgo cardiovascular.
6. Testosterona sin control médico real
El uso de testosterona para “rejuvenecer”, ganar fuerza o mejorar el deseo sexual se ha vuelto frecuente. Pero si no existe un déficit comprobado y seguimiento médico serio, puede traer consecuencias importantes.
Entre ellas:
- Aumento de viscosidad de la sangre
- Mayor riesgo de trombosis
- Presión alta
- Posibles eventos cardíacos o cerebrovasculares
Solo debe utilizarse cuando existe indicación clara y controles periódicos.
Señales de alerta que nunca debes ignorar
Si tomas alguno de estos medicamentos y aparecen síntomas como:
- Dolor de pecho
- Falta de aire
- Palpitaciones fuertes
- Mareos
- Debilidad repentina
- Dolor en brazo o mandíbula
Busca atención médica inmediata.
Consejos y recomendaciones
- Lleva una lista actualizada de todos tus medicamentos.
- No combines remedios sin consultar.
- Evita automedicarte, incluso con productos comunes.
- Controla presión arterial, glucosa y colesterol regularmente.
- Consulta si existe una opción más segura para tu corazón.
- Informa siempre al médico si tienes antecedentes cardíacos.
Muchos medicamentos útiles también pueden tener riesgos, especialmente después de los 60. La clave no es tener miedo, sino usarlos con control médico, criterio y seguimiento adecuado. Cuidar el corazón también implica revisar lo que tomamos cada día.