En 1865, un grupo de familias galesas desembarcó en las costas desérticas de la Patagonia y se refugió en unas cuevas cercanas. En pocas décadas lograron consolidar prósperas colonias agrícolas de miles de habitantes en el valle del río Chubut y extenderse hasta las laderas de los Andes. Se trata de uno de los casos de colonización más exitosos de Argentina en uno de los entornos más aislados y difíciles de la época, y con el tiempo estos colonos resultaron decisivos para asegurar la soberanía argentina en la Patagonia oriental.
Las motivaciones del viaje
Argentina es uno de los países de América que más inmigración ha recibido a lo largo de la historia. Muchos llegaron por razones económicas o por guerras, pero el caso de los galeses fue diferente. Los galeses se embarcaron rumbo a Argentina buscando una tierra donde pudieran preservar su idioma, su religión y sus tradiciones, en una época en la que Gales estaba siendo asimilado por los ingleses.
Las opciones que estaban sobre la mesa eran Canadá, Estados Unidos y la Patagonia. El gobierno argentino les ofreció tierras y facilidades para que se instalaran, y líderes como el reverendo Michael Dions, entre otros, se encargaron de que este sueño de tener una colonia de ultramar se hiciera realidad. El gobierno argentino les había vendido una imagen de tierras fértiles e idílicas, que tal vez no fueran tan distintas a las de su Gales natal.
El desembarco y los primeros años
El 28 de julio de 1865, el velero Mimosa alcanzó las costas de la provincia de Chubut, cerca de lo que ahora es Puerto Madryn. Los 153 hombres, mujeres y niños se encontraron con un paisaje bastante diferente a lo que esperaban. La estepa patagónica en pleno invierno ofrecía un espectáculo desesperanzador: una planicie cubierta de rocas, arbustos y pastos secos por el frío hasta donde se pudiera ver. Un clima y una geografía muy distintos a los verdes y húmedos prados y colinas de Gales.
Se instalaron en unas cuevas cercanas, donde la falta de agua y alimentos era un problema grave. Sin embargo, contaron con la ayuda inesperada de los aborígenes locales. Los tehuelches, que habitaban la zona, les enseñaron a cazar guanacos y ñandúes, a encontrar agua potable y qué plantas podían usar para alimentarse. Con el tiempo, tehuelches y galeses mantuvieron un importante intercambio comercial y relaciones en general pacíficas.
Fueron tiempos difíciles. Varios niños y ancianos perecieron en los primeros años de la colonia y las cosechas eran malas.
La prosperidad en el valle del Chubut
La estepa patagónica es un lugar semidesértico, pero también está regada por varios ríos importantes donde es posible la agricultura. Los colonos se encontraron con el río Chubut y fundaron Rawson, a 60 km del lugar de desembarco. Establecidos a orillas del río, iniciaron la construcción de decenas de kilómetros de canales de riego y realizaron obras hidráulicas que abrieron paso a un periodo de prosperidad.
En 1885 llegaron a cosechar 6.000 toneladas de trigo, un cereal de tan buena calidad que ganó la medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1889. Además, sembraron árboles frutales, hortalizas y criaron ovejas.
La colonia fue tan próspera que gradualmente atrajo a más galeses. Entre 1865 y 1914 llegaron entre 3.000 y 4.000 galeses, y con el aumento de la población se fueron creando nuevas localidades:
- Rawson, fundada en 1866.
- Gaiman, en 1874.
- Trelew, en 1886.
- Dolavon, que comenzó a poblarse a finales de 1860, pero se fundó oficialmente en 1919.
En una segunda etapa, los exploradores galeses alcanzaron la región de los bosques patagónicos, donde la lluvia era más abundante y el paisaje cambia completamente. Lo bautizaron como Cwm Hyfryd, que significa “valle hermoso” en galés. Allí fundaron Trevelin en 1885, bajo el nombre de Colonia 16 de Octubre, y Esquel en 1906.
Las colonias llegaron a ser tan prósperas que construyeron su propio ferrocarril, inaugurado en 1888: el Ferrocarril Central del Chubut, que primero conectó Puerto Madryn con Trelew y después se extendió por el valle, conectando también Gaiman, Dolavon, Boca Sanja, Rawson y Las Plumas, ya entrado el siglo XX. En el lugar del desembarco de 1865 se fundó Puerto Madryn, que quedó prácticamente abandonado, pero en 1886 se trazaron sus primeras calles, manzanas y solares y empezó a funcionar como puerto comercial para exportar el trigo.
Soberanía argentina y el plebiscito de 1902
La administración de las colonias se realizaba en idioma galés e incluso llegaron a tener su propio papel moneda. Los galeses fueron fundamentales para garantizar la soberanía argentina en la región cordillerana, en una época en la que las fronteras aún no estaban bien delimitadas y las zonas en disputa quedaron bajo el arbitraje del rey Eduardo VII de Inglaterra y de autoridades de Chile y Argentina.
Chile intentó cortejar a los colonos para que aceptaran la soberanía chilena en la región donde se asentaban los poblados 16 de Octubre y Esquel. Les ofreció una salida rápida de sus productos al Pacífico, ganado e incluso materiales para construir un molino harinero, entre otros beneficios, mientras que el Estado argentino se encontraba prácticamente ausente en la región.
En 1902, los colonos votaron libremente en un plebiscito y el 90% decidió permanecer como argentinos, dado que Argentina los había invitado a vivir allí y les ofrecía cierta independencia cultural y religiosa. Pero, sobre todo, ellos honraban los contratos que habían firmado con Argentina, más allá de los potenciales beneficios de formar parte de Chile. Con los galeses, Argentina afirmó así su soberanía sobre la zona de Trevelin, Esquel y lo que hoy es el Parque Nacional Los Alerces.
El legado galés en la Patagonia
Hoy en día existen entre 50.000 y 70.000 descendientes de galeses en la región patagónica, especialmente en la provincia de Chubut, algo destacable considerando que la provincia tiene menos de 620.000 habitantes. Sin embargo, los galeses no se mantuvieron totalmente aislados del resto del país. Con el tiempo llegaron italianos a la provincia, que se calculan entre 20.000 y 30.000, así como españoles y argentinos de otras latitudes. Paulatinamente pasaron a ser una minoría y fue común la mezcla con los nuevos habitantes de origen europeo y con los tehuelches.
Aun así, han podido preservar parte de su cultura e identidad. Entre 5.000 y 7.000 descendientes todavía hablan galés, conservando formas antiguas del idioma que se perdieron en su tierra de origen. Es posible ver el galés en los nombres de los negocios de sus ciudades y en las señalizaciones de tránsito. Las conexiones con Gales siguen vivas: incluso Lady Di visitó Gaiman en 1995.