Si buscas una opción de galleta casera, deliciosa y al mismo tiempo saludable, esta receta es para ti. Con solo cinco ingredientes simples y sin necesidad de trigo, huevo ni leche, estas galletas de avena y manzana son ideales para quienes desean un snack nutritivo, ligero y bajo en carbohidratos.
Su sabor suave con un toque de canela las convierte en el acompañamiento perfecto para el café de la tarde, el mate o incluso como un tentempié rápido en cualquier momento del día. Además, se preparan de forma sencilla y con ingredientes fáciles de conseguir.
Ingredientes
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1 manzana mediana rallada
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4 cucharadas de aceite de coco (o mantequilla derretida si prefieres)
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1 cucharada de edulcorante xilitol (o 2, si la quieres más dulce)
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1 cucharadita de canela molida
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150 g de salvado de avena
Modo de preparación
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Precalienta el horno a temperatura media. (Aproximadamente 180 °C si es horno convencional; si tienes horno con ventilación, unos 170-175 °C).
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En un bowl, mezcla la manzana rallada con el aceite de coco o la mantequilla derretida, el xilitol y la canela, hasta que estén bien integrados y se forme una masa líquida homogénea.
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Agrega poco a poco el salvado de avena, mezclando bien, hasta que la masa empiece a despegarse de las manos (es decir, que ya no esté tan líquida y tenga cierta consistencia para moldearse).
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Forma pequeñas bolitas con la masa, colócalas en una bandeja para hornear forrada con papel vegetal o ligeramente engrasada.
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Aplasta cada bolita con un tenedor para dar forma de galleta o biscote.
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Hornea en horno precalentado durante unos 20 minutos, o hasta que los bordes estén levemente dorados.
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Deja reposar unos minutos fuera del horno para que terminen de endurecer al enfriarse un poco (se vuelven más firmes al enfriarse).
Consejos adicionales
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Textura: Si te gustan las galletas más crujientes, puedes dejar unos minutos más en el horno, pero vigilando que no se quemen. Otra opción es aplanarlas bastante antes de hornear para que queden más delgadas y secas.
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Manzana: Usa una variedad de manzana que sea dulce naturalmente, como Fuji o Gala, para que no dependas demasiado del edulcorante. Si la manzana tiene mucha agua, escúrrela o exprímela un poco para que la masa no quede demasiado húmeda.
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Edulcorante: Si no tienes xilitol, puedes usar eritritol, stevia (ajustando la cantidad), o incluso un poco de azúcar de coco. Ten en cuenta que cada edulcorante aporta distinta dulzura y textura.
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Aceite de coco vs mantequilla: El aceite de coco le da un sabor más suave y un perfil más vegetal, mientras que la mantequilla aporta riqueza y sabor más tradicional. Si usas mantequilla, asegúrate de que esté bien derretida para mezclar fácilmente.
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Avena: Ya que se usa salvado de avena (o avena de hojuelas finas), asegúrate que esté bien triturado o que tenga textura fina si lo prefieres más uniforme. Si te molesta algún grano más grueso, puedes procesarla un poco.
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Sabores extra: Puedes añadir algunos extras opcionales como nueces picadas, semillas (chia, linaza), pasas (si no te importa añadir algo más de carbohidratos), o unas gotas de extracto de vainilla para variar el sabor.
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Horneado uniforme: Usa una bandeja que distribuya bien el calor, no coloques las galletas muy pegadas (dar espacio entre ellas) para que no se peguen o se cocinen desigual.
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Almacenamiento: Una vez frías, guarda las galletas en un recipiente hermético. Si están muy húmedas antes de guardar, se humedecerán más. Se conservan bien por varios días a temperatura ambiente, o incluso puedes refrigerarlas para mantener su textura.