5 señales tempranas de deterioro cognitivo que conviene observar y consultar con un especialista.

Cuando pensamos en demencia o Alzheimer, casi todos imaginamos lo mismo: olvidos constantes, nombres que desaparecen de la memoria o personas que ya no reconocen a sus familiares. Sin embargo, los especialistas saben desde hace años que el cerebro suele enviar señales mucho antes de que aparezcan los problemas de memoria más evidentes.

Y lo más sorprendente es que muchas de esas señales parecen completamente normales. Cambios en el sueño, en la forma de caminar, en el carácter o incluso en el olfato pueden aparecer años antes de que alguien sospeche un deterioro cognitivo.

Esto no significa que cualquier cambio sea automáticamente una enfermedad. El envejecimiento normal también transforma el cuerpo y la mente. Pero aprender a diferenciar lo habitual de lo que merece atención médica puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida futura.

1. La pérdida del olfato puede ser más importante de lo que parece

Muchas personas notan con los años que ciertos aromas ya no son tan intensos como antes. El café parece tener menos aroma, los perfumes duran menos o cuesta detectar olores fuertes en la cocina.

Un leve descenso del olfato puede formar parte del envejecimiento normal. Pero cuando la pérdida es marcada o progresiva, algunos neurólogos la consideran una posible señal temprana de enfermedades neurodegenerativas.

El sistema olfativo está directamente conectado con regiones profundas del cerebro. Investigaciones recientes han encontrado que ciertas proteínas relacionadas con el Alzheimer podrían comenzar a acumularse precisamente en estas vías antes de extenderse a otras áreas cerebrales.

Por eso, una pérdida importante del olfato, especialmente si aparece sin problemas nasales claros, merece ser comentada con un médico.

2. Movimientos extraños durante el sueño

Hablar dormido ocasionalmente o tener una pesadilla no es raro. El problema aparece cuando una persona comienza a moverse de forma intensa mientras sueña: gritar, patear, golpear o actuar físicamente los sueños.

Existe un trastorno llamado “trastorno de conducta del sueño REM” en el que el cuerpo deja de bloquear los movimientos durante la fase profunda del sueño. En condiciones normales, el cerebro paraliza temporalmente los músculos mientras soñamos para evitar que actuemos físicamente lo que ocurre en el sueño.

Cuando ese mecanismo falla, pueden aparecer movimientos bruscos o violentos.

Este trastorno ha sido relacionado con enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y algunos tipos de demencia. En muchos casos, los síntomas pueden aparecer años antes de otros problemas neurológicos.

Lo más complicado es que quien lo padece muchas veces no lo sabe. Son la pareja o los familiares quienes suelen notar el problema primero.

3. La apatía que aparece sin motivo claro

Hay personas que, poco a poco, pierden el interés por actividades que antes disfrutaban. Dejan de llamar a amigos, abandonan hobbies, ya no sienten entusiasmo por salir o participar en reuniones familiares.

La familia suele pensar que simplemente “se hicieron mayores” o que están más cansados. Pero cuando esta apatía aparece sin una causa emocional clara, algunos especialistas la consideran una señal que merece atención.

No se trata necesariamente de tristeza ni depresión. A veces es simplemente una falta de iniciativa, motivación o interés.

Esto puede relacionarse con cambios en regiones cerebrales encargadas de la planificación, la motivación y la toma de decisiones.

Uno de los mayores problemas es que la apatía suele pasar desapercibida durante años porque parece un cambio normal de personalidad o una consecuencia lógica de la jubilación y la edad.

4. Cambios bruscos en el carácter o el comportamiento

Otra señal que suele confundir muchísimo a las familias son los cambios repentinos en la personalidad.

Personas que siempre fueron reservadas comienzan a hacer comentarios inapropiados, se vuelven impulsivas, irritables o empiezan a actuar de maneras completamente diferentes a su carácter habitual.

Algunas gastan dinero sin control, dicen cosas ofensivas sin darse cuenta o pierden el filtro social que antes tenían.

Este tipo de cambios puede relacionarse con alteraciones en el lóbulo frontal del cerebro, especialmente en áreas responsables del control emocional y la conducta social.

En ciertos tipos de demencia, como la demencia frontotemporal, estos cambios pueden aparecer mucho antes que los problemas de memoria.

Por eso, cuando alguien “ya no parece la misma persona” y el cambio es muy evidente respecto a su personalidad anterior, conviene buscar una evaluación médica adecuada.

5. La forma de caminar también puede dar señales

Pocas personas relacionan la manera de caminar con la salud cerebral, pero muchos neurólogos sí lo hacen.

Pasos más cortos, lentitud al iniciar la marcha, inseguridad al bajar escaleras o una sensación de rigidez pueden reflejar cambios neurológicos tempranos.

Caminar es una tarea extremadamente compleja para el cerebro. Requiere coordinación, equilibrio, memoria motora, atención y planificación simultánea.

Por eso, algunos estudios han demostrado que la velocidad al caminar puede ser un predictor muy útil de deterioro cognitivo futuro.

Existe incluso una observación clínica interesante: algunas personas comienzan a tener dificultades para caminar y hablar al mismo tiempo. Cuando intentan conversar mientras caminan, reducen mucho la velocidad o incluso se detienen.

Esto puede reflejar que el cerebro está teniendo problemas para manejar varias tareas simultáneamente.

Además, las caídas repetidas sin una causa física evidente también pueden ser una señal que merece ser evaluada.

La importancia de detectar las señales a tiempo

Lo más importante de todo esto es entender que estas señales no equivalen automáticamente a una demencia.

Muchos de estos síntomas pueden tener otras causas completamente distintas: estrés, depresión, problemas de sueño, medicamentos, ansiedad, enfermedades hormonales o simplemente cambios normales asociados al envejecimiento.

Sin embargo, conocer estas señales permite actuar antes.

Hoy se sabe que ciertos hábitos pueden ayudar a proteger el cerebro y retrasar el deterioro cognitivo:

Mantener actividad física regular

Caminar, nadar, bailar o hacer ejercicios aeróbicos mejora la circulación cerebral y favorece la neuroplasticidad.

Dormir bien

El sueño profundo ayuda al cerebro a eliminar sustancias de desecho que se acumulan durante el día.

Controlar la presión y el azúcar

La hipertensión y la diabetes aumentan el riesgo de deterioro cognitivo si no están bien controladas.

Mantener relaciones sociales activas

Conversar, compartir tiempo con otras personas y evitar el aislamiento tiene un impacto muy positivo sobre la salud mental y cerebral.

Aprender cosas nuevas

Estudiar un idioma, tocar un instrumento, leer o desarrollar nuevas habilidades mantiene activo al cerebro.

Revisar la audición

La pérdida auditiva no tratada se ha asociado con mayor riesgo de deterioro cognitivo.

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