La medicina prehispánica desarrolló a lo largo de siglos un conocimiento detallado sobre el cuerpo humano y los recursos naturales del Valle de México. Antes de la llegada de los españoles, los aztecas o mexicas contaban con sistemas de cuidado de la salud sorprendentemente organizados, en los que el fortalecimiento óseo ocupaba un lugar central debido al trabajo físico exigente que requerían la agricultura, la construcción y el transporte de cargas. A continuación, repasamos diez remedios tradicionales que formaban parte de ese sistema y que, con el tiempo, fueron quedando en el olvido.
El conocimiento óseo en la cultura mexica
Los curanderos aztecas, conocidos como ticitl, identificaban dolencias relacionadas con los huesos y las articulaciones, y combinaban tratamientos físicos con preparados a base de hierbas y minerales. Códices como el Códice Badiano (1552) y la obra de Fray Bernardino de Sahagún recogieron parte de este conocimiento, aunque muchos remedios se perdieron tras la imposición de la medicina europea.
Diez remedios tradicionales para la salud ósea
1. Cal de nixtamal en la preparación del maíz
El proceso de nixtamalización, que consiste en cocer el maíz con cal (hidróxido de calcio), aumentaba significativamente el aporte de calcio biodisponible en la dieta diaria. Esta práctica milenaria sigue siendo una de las contribuciones nutricionales más importantes de Mesoamérica.
2. Caldos de huesos de animales
Los caldos preparados con huesos de venado, guajolote y otros animales aportaban colágeno, minerales y aminoácidos esenciales. Se consumían especialmente tras esfuerzos físicos prolongados o en periodos de recuperación.
3. Amaranto o huauhtli
El amaranto era considerado un alimento sagrado y formaba parte de rituales religiosos. Sus semillas contienen calcio, magnesio y proteínas de alta calidad, nutrientes asociados al mantenimiento de la densidad ósea.
4. Chía como complemento diario
Las semillas de chía, consumidas en bebidas y preparados, aportan calcio, fósforo y ácidos grasos. Eran una fuente compacta de energía para guerreros y mensajeros que recorrían largas distancias.
5. Tepezcohuite para fracturas y traumatismos
La corteza del tepezcohuite (Mimosa tenuiflora) se utilizaba en cataplasmas para tratar heridas, quemaduras y golpes. Hoy se sigue investigando por sus propiedades cicatrizantes y antibacterianas.
6. Cola de caballo en infusiones
Aunque más conocida en otras tradiciones medicinales, la cola de caballo (Equisetum) era empleada en preparaciones por su contenido en silicio, mineral relacionado con la formación de tejido conectivo y hueso.
7. Hojas de nopal en la alimentación
El nopal, presente en la dieta diaria, aporta calcio, fibra y antioxidantes. Su consumo regular acompañaba prácticamente todas las comidas y contribuía al equilibrio mineral del organismo.
8. Cacao sin azúcar como bebida fortificante
El cacao puro, consumido en forma de bebida amarga o ligeramente condimentada, era valorado por su contenido en magnesio y otros minerales. Se asociaba con la fortaleza física de guerreros y nobles.
9. Cataplasmas de árnica y otras hierbas locales
Para tratar inflamaciones articulares, dolores musculares y golpes, los curanderos aplicaban emplastos elaborados con hierbas como la árnica mexicana, el matarique y otras plantas locales con propiedades antiinflamatorias.
10. Inmovilización con vendajes vegetales
Ante fracturas o esguinces, los curanderos empleaban técnicas de inmovilización con cortezas, fibras de maguey y maderas ligeras, combinadas con la aplicación de ungüentos herbales. Esta práctica permitía una recuperación funcional sin necesidad de intervenciones invasivas.
Por qué muchos de estos remedios se perdieron
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, la medicina europea se impuso como modelo dominante. Muchos códices fueron destruidos, los ticitl perdieron su lugar institucional y diversos remedios fueron considerados supersticiones. Solo una parte del conocimiento sobrevivió gracias a la transmisión oral en comunidades indígenas y a la labor de algunos cronistas que documentaron las prácticas tradicionales.
Recuperación contemporánea del conocimiento ancestral
En las últimas décadas, investigadores, etnobotánicos y comunidades indígenas han trabajado en la recuperación y estudio científico de muchos de estos remedios. Plantas como el tepezcohuite, el amaranto y la chía han sido revalorizadas tanto en la alimentación como en la medicina complementaria.
Es importante señalar que, aunque estas tradiciones tienen un enorme valor cultural y nutricional, no sustituyen la atención médica profesional. Antes de incorporar plantas medicinales o cambios significativos en la alimentación, especialmente en casos de osteoporosis, fracturas u otras afecciones óseas, se recomienda consultar a un profesional de la salud.
El legado azteca recuerda que el cuidado del cuerpo no depende únicamente de tratamientos puntuales, sino de una relación constante con la alimentación, el entorno y los recursos naturales disponibles.