Manos dormidas en la noche: por qué ocurre la parestesia y cómo prevenirla

Es una experiencia que casi todos hemos vivido: te acuestas a descansar y, de repente, sientes que tu mano se ha “dormido”. Aparece una sensación de entumecimiento, acompañada de un hormigueo incómodo que puede incluso despertarte. Este fenómeno, conocido en términos médicos como parestesia, es más común de lo que se piensa. Pero, ¿qué lo provoca realmente y cómo se puede evitar?

¿Qué significa que una parte del cuerpo se “duerma”?

La expresión popular “se me durmió la mano” describe esa sensación desagradable de adormecimiento, hormigueo y, en ocasiones, pérdida temporal de sensibilidad o dificultad para mover el área afectada. Las zonas más comprometidas suelen ser las extremidades: manos, brazos, pies y piernas.

En realidad, la parte del cuerpo no se está “durmiendo” literalmente. Lo que ocurre es que los nervios responsables de transmitir información al cerebro se ven temporalmente comprimidos o bloqueados. Esto suele suceder cuando:

  • Dormimos con la mano debajo de la cabeza o del cuerpo.
  • Permanecemos sentados con las piernas cruzadas durante mucho tiempo.
  • Mantenemos una misma postura por un período prolongado.

Por lo general, al cambiar de posición, la sensibilidad regresa en pocos minutos.

Principales causas de la parestesia

Los factores que provocan que una zona del cuerpo se adormezca pueden agruparse en tres grandes categorías: compresión nerviosa, problemas de circulación y afecciones médicas subyacentes.

1. Compresión de los nervios

Es la causa más frecuente. Cuando se ejerce presión sostenida sobre un nervio, la comunicación entre esa parte del cuerpo y el cerebro se interrumpe momentáneamente. Esto suele ocurrir al recostarnos sobre el brazo mientras dormimos o al adoptar posturas que aprisionan alguna terminación nerviosa.

Los síntomas típicos incluyen:

  • Entumecimiento o pérdida temporal de sensibilidad.
  • Hormigueo constante.
  • La clásica sensación de “agujas y alfileres” al recuperar el movimiento.

2. Problemas de circulación

Otra causa habitual es la reducción del flujo sanguíneo hacia una zona específica. Cuando los vasos sanguíneos quedan comprimidos, la región afectada no recibe suficiente oxígeno ni nutrientes, lo que genera adormecimiento y hormigueo. Al moverse y restablecer la circulación, la sensación desaparece rápidamente.

3. Condiciones médicas de base

En algunos casos, la parestesia recurrente o persistente puede estar relacionada con problemas de salud más serios, como diabetes, trastornos neurológicos, deficiencias vitamínicas (especialmente de vitamina B12) o compresiones nerviosas crónicas como el síndrome del túnel carpiano. Si el adormecimiento aparece con frecuencia, dura mucho tiempo o viene acompañado de otros síntomas, es fundamental consultar a un profesional de la salud.

Consejos para prevenir que las manos se duerman

Aunque la parestesia ocasional es inofensiva, existen hábitos sencillos que ayudan a reducir su aparición.

Cambia de posición con frecuencia

Evita mantener la misma postura durante períodos prolongados. Moverse regularmente favorece la circulación y previene la compresión nerviosa, tanto al dormir como al estar sentado.

Evita la ropa demasiado ajustada

Prendas apretadas, cinturones estrechos o calcetines con elásticos muy fuertes pueden limitar el flujo sanguíneo. Opta por ropa cómoda y holgada, sobre todo para dormir.

Toma pausas activas

Si pasas muchas horas frente a la computadora o en viajes largos, procura levantarte cada cierto tiempo para estirar los brazos, las piernas y el cuello. Estas pausas mejoran la circulación y reducen la tensión muscular.

Cuida tu postura

Una postura inadecuada, tanto al sentarse como al dormir, puede comprimir nervios importantes. Ajusta la altura de tu silla, utiliza almohadas ergonómicas y evita dormir con los brazos bajo el cuerpo o la cabeza.

Mantén una alimentación equilibrada

Consumir suficientes vitaminas del complejo B, magnesio y mantenerte bien hidratado también contribuye a la salud nerviosa y circulatoria.

Conclusión

Cuando una parte del cuerpo se “duerme”, generalmente se trata de una experiencia molesta pero inofensiva, provocada por la compresión temporal de un nervio o una disminución momentánea del flujo sanguíneo. En la mayoría de los casos, la sensación desaparece en cuanto se libera la presión y se retoma el movimiento.

Sin embargo, si el adormecimiento se presenta con frecuencia, persiste durante mucho tiempo o se acompaña de otros síntomas como debilidad, dolor intenso o pérdida de fuerza, es importante buscar atención médica para descartar afecciones más serias.

Adoptar hábitos saludables como mantenerse activo, cuidar la postura, usar ropa cómoda y evitar presiones prolongadas sobre los nervios puede reducir significativamente las probabilidades de sufrir parestesia. Escuchar al cuerpo y responder a sus señales es la mejor forma de mantener el bienestar y disfrutar de un descanso realmente reparador.

Deja un comentario