Marito y Jorge Cafrune: la historia del niño que cantó “Virgen India” en Cosquín

La música folclórica argentina guarda momentos que quedaron grabados en la memoria colectiva de varias generaciones. Uno de ellos ocurrió en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín, cuando un niño de apenas ocho años subió al escenario de la mano de Jorge Cafrune e interpretó “Virgen India” frente a miles de personas. Aquel pequeño, conocido como Marito, se transformó esa noche en un símbolo de inocencia, talento y emoción popular.

El encuentro entre Cafrune y Marito

Jorge Cafrune, oriundo de la provincia de Jujuy, fue uno de los grandes referentes del folclore argentino y latinoamericano. Su voz grave, su poncho y su barba lo convirtieron en una figura inconfundible. A lo largo de su carrera, Cafrune se caracterizó por recorrer caminos y pueblos del interior, conociendo artistas anónimos y dando espacio a nuevas voces.

Fue en uno de esos viajes cuando se cruzó con Mario Álvarez Quiroga, un niño tucumano que cantaba con una afinación y una sensibilidad poco comunes para su edad. Cafrune quedó impresionado con el pequeño y decidió apadrinarlo, invitándolo a compartir escenarios. Así nació una de las duplas más recordadas de la música popular argentina.

La noche inolvidable en Cosquín

En enero de 1977, durante una de las jornadas del Festival de Cosquín, Cafrune presentó a Marito ante el público. El niño, con una sonrisa tímida y vestido con ropa sencilla, comenzó a entonar los versos de “Virgen India”:

“Virgen morenita, virgen milagrosa, llena de pureza como una rosa…”

La interpretación caló hondo en el público. Miles de personas escucharon en silencio aquella voz infantil que parecía contener toda la fe y la devoción del norte argentino. La transmisión televisiva amplificó el momento, y la imagen del niño cantando junto al maestro recorrió el país entero. Esa actuación se convirtió en un clásico que aún hoy circula en grabaciones y se comparte en redes sociales como testimonio de una época.

La tragedia que cambió el rumbo

Apenas un año después de aquella presentación, en febrero de 1978, Jorge Cafrune murió atropellado mientras realizaba una cabalgata simbólica desde Buenos Aires hacia Yapeyú, en homenaje al general José de San Martín. El hecho generó una profunda conmoción en el ambiente artístico y dejó a muchos proyectos truncos, entre ellos el acompañamiento que el cantor le brindaba a su joven protegido.

La desaparición de Cafrune significó para Marito la pérdida de su mentor, de su guía artístico y, en cierto modo, de la puerta de entrada al mundo profesional de la música. Sin esa figura tutelar, el niño debió continuar su camino con muchas más dificultades de las que se imaginaban en aquel escenario de Cosquín.

¿Qué pasó con Marito después?

Tras la muerte de Cafrune, Marito regresó a la vida cotidiana en su provincia natal. Si bien continuó vinculado al canto y a la música folclórica, no logró sostener una carrera de proyección masiva como la que se vislumbraba en su infancia. La industria musical, los cambios de época y la falta de un padrinazgo artístico hicieron que su nombre quedara más asociado al recuerdo de aquella noche que a una trayectoria profesional continua.

A lo largo de los años, Marito participó en peñas, festivales y encuentros folclóricos, especialmente en el norte argentino. En diferentes entrevistas, recordó con emoción su vínculo con Cafrune y aseguró que el maestro fue una figura paternal en su vida artística. También reconoció las dificultades económicas y personales que enfrentó al crecer, lejos del brillo que muchos imaginaban para él.

El legado de un momento musical

La historia de Cafrune y Marito puede leerse en varias capas. Por un lado, es la historia de un maestro generoso que abrió las puertas del escenario a un niño con talento. Por otro, es la historia de un Argentina folclórica que valoraba la transmisión oral, el padrinazgo artístico y la emoción genuina por encima de la producción industrial de la música.

La interpretación de “Virgen India” sigue siendo, décadas después, una postal emocional para quienes vivieron esa época y un descubrimiento conmovedor para las nuevas generaciones que llegan a esa grabación a través de internet. Allí, Marito vuelve a tener ocho años, Cafrune sigue presentándolo con orgullo y la música conserva esa cualidad casi sagrada que tenía aquella noche bajo las estrellas de Cosquín.

Una historia que sigue viva

Hablar hoy de Marito es también hablar de la memoria del folclore argentino, de las figuras que lo construyeron y de los caminos diversos que toman los artistas cuando las circunstancias cambian. La verdadera historia de aquel niño no termina en el escenario: continúa en el recuerdo de quienes lo escucharon, en los homenajes que cada tanto le dedican otros músicos y en el eco perdurable de una canción que sigue invocando a la Virgen morenita.

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