A medida que avanzan los años, el cuerpo cambia de forma profunda. El hígado metaboliza más lentamente, los riñones filtran con menor eficiencia y el sistema cardiovascular se vuelve más sensible. Por eso, un medicamento que era seguro a los 40 años puede comportarse de manera muy distinta a los 65 o 70. Existen cinco grupos de fármacos extremadamente comunes en los botiquines de adultos mayores que, en ciertas situaciones y especialmente con el uso prolongado, pueden aumentar el riesgo de infarto y de accidente cerebrovascular (ACV).
El objetivo de esta información no es que suspendas ningún tratamiento por cuenta propia. Cualquier cambio debe conversarse con el médico que te acompaña. Lo que sí buscamos es darte conocimiento para que esa conversación sea más inteligente, más segura y centrada en tus necesidades reales.
Por qué el cuerpo después de los 60 reacciona distinto a los medicamentos
Con el envejecimiento ocurren varios cambios fisiológicos que afectan directamente cómo se procesan los fármacos:
- Menor masa corporal y más grasa: los medicamentos liposolubles se acumulan por más tiempo.
- Función renal reducida: los fármacos eliminados por los riñones permanecen más tiempo en circulación.
- Hígado menos eficiente: el metabolismo de muchas sustancias se vuelve más lento.
- Vasos sanguíneos menos elásticos: el sistema cardiovascular tolera peor ciertos efectos adversos.
- Polifarmacia: tomar varios medicamentos a la vez multiplica el riesgo de interacciones.
Cinco grupos de medicamentos que pueden aumentar el riesgo cardiovascular
1. Antiinflamatorios no esteroides (AINEs)
Medicamentos como el ibuprofeno, el diclofenaco, el naproxeno o el ketoprofeno son utilizados con mucha frecuencia para dolores articulares, lumbalgias o dolores de cabeza. Sin embargo, su uso prolongado en adultos mayores está asociado a mayor riesgo de infarto, insuficiencia cardíaca, hipertensión y eventos cerebrovasculares. Esto ocurre porque pueden retener líquidos, elevar la presión arterial y favorecer la formación de coágulos. En personas con hipertensión, enfermedad renal o antecedentes cardíacos, el riesgo se multiplica.
2. Descongestionantes nasales y antigripales
Muchos jarabes y comprimidos antigripales contienen pseudoefedrina, fenilefrina u otros vasoconstrictores. Estas sustancias estrechan los vasos sanguíneos para aliviar la congestión nasal, pero también elevan la presión arterial y aumentan la frecuencia cardíaca. En adultos mayores con hipertensión, arritmias o aterosclerosis, esto puede precipitar un evento cardiovascular. Lo preocupante es que se venden sin receta y se consumen como si fueran inofensivos.
3. Algunos antiinflamatorios hormonales (corticoides) de uso prolongado
La prednisona, dexametasona y otros corticoides son eficaces para tratar enfermedades autoinmunes, asma o procesos inflamatorios. Pero el uso crónico, sobre todo en dosis altas, puede provocar hipertensión, aumentar el azúcar en sangre, favorecer la obesidad central y acelerar la aterosclerosis. Todos estos factores incrementan el riesgo de infarto y ACV. Cuando son necesarios, deben usarse a la menor dosis efectiva y por el menor tiempo posible.
4. Ciertos antidepresivos y ansiolíticos
Algunos antidepresivos tricíclicos, ciertos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y benzodiacepinas de uso prolongado se asociaron en estudios a mayor riesgo cardiovascular en adultos mayores. Pueden producir caídas en la presión arterial al pararse, arritmias, sangrados (cuando se combinan con anticoagulantes o AINEs) y sedación excesiva. Esto no significa que deban evitarse: la depresión y la ansiedad no tratadas también dañan al corazón. Pero la elección del fármaco y la dosis deben ajustarse cuidadosamente.
5. Hormonas tiroideas mal ajustadas
La levotiroxina, utilizada en el hipotiroidismo, es un medicamento seguro cuando la dosis está correctamente ajustada. El problema aparece cuando la dosis es excesiva: el exceso de hormona tiroidea acelera el corazón, puede provocar fibrilación auricular y aumentar significativamente el riesgo de ACV. En adultos mayores, los controles periódicos de TSH son fundamentales para evitar este sobretratamiento silencioso.
Qué hacer con esta información
Lo más importante es no suspender ningún medicamento sin orientación médica. Muchos de estos fármacos son necesarios e incluso salvan vidas. La clave está en una revisión periódica del esquema completo de medicación, idealmente al menos una vez al año.
Algunas preguntas útiles para llevar a la próxima consulta:
- ¿Todavía necesito tomar este medicamento?
- ¿La dosis es la adecuada para mi edad y mi función renal actual?
- ¿Existe alguna alternativa más segura para mi caso?
- ¿Hay interacciones entre los fármacos que estoy tomando?
- ¿Qué efectos adversos debería vigilar?
El valor de una mirada integral
Después de los 60 años, la mejor estrategia no es tomar más medicamentos, sino tomar los correctos en las dosis correctas. La medicina actual valora cada vez más la desprescripción: revisar y retirar fármacos que ya no aportan beneficio o cuyo riesgo supera la utilidad. Conversar abiertamente con tu médico, llevar la lista completa de medicamentos y comentar cualquier síntoma nuevo son pasos sencillos que pueden marcar una gran diferencia en la salud cardiovascular a largo plazo.