La ruta de montaña de casi 100 años en Argentina que parece de otro planeta

Hay un tramo de ruta en Argentina que tiene casi 100 años, serpentea entre cerros rojizos como si fuera otro planeta y conecta dos pueblos chicos de una provincia que casi nadie visita por sus rutas. No tiene el marketing de la Ruta de los Siete Lagos ni las fotos infinitas de la Quebrada de Humahuaca, pero para quien la maneja una vez, es difícil de olvidar.

Un tramo de la Ruta 40, en La Rioja

Se llama Cuesta de Miranda y forma parte de la Ruta Nacional 40, en la provincia de La Rioja. En total suma unos 114 kilómetros entre las localidades de Chilecito y General Felipe Varela, aunque el tramo más impactante —el que concentra las curvas y los colores— se concentra en apenas 11,5 kilómetros.

Construida hace más de 100 años

La cuesta fue trazada entre 1918 y 1928 por el ingeniero Vicente Bolloli, en una obra que en su momento fue considerada una hazaña de la ingeniería vial de montaña. Casi un siglo después, sigue siendo transitable y sigue sorprendiendo de la misma manera.

Cerros rojos, cardones y un río

El camino bordea el río Miranda mientras cruza el sector sur de los Nevados de Famatina, donde la cordillera se transforma en la Sierra de Sañogasta. El paisaje combina cerros de tonos rojizos con cardones verdes, quebradas angostas y profundas, y varios miradores naturales desde donde se puede observar la geología, la flora y la fauna de la zona. La altura máxima supera apenas los 2.040 metros sobre el nivel del mar, pero la sensación de vértigo la dan las curvas, no la altura.

Pueblos diminutos en el camino

A lo largo de la cuesta aparecen caseríos y pueblos muy pequeños —Los Tambillos, Las Trancas, Las Higueritas, Aicuña— que funcionan casi como paradas de otra época, sin infraestructura turística grande, pero con esa calma que solo tienen los lugares por los que pasa poca gente.

Para quién es este viaje

No es una ruta para apurados: los pozos, las curvas cerradas y la altura piden manejar despacio y con tiempo. Pero para quien busca paisajes de montaña sin las postales repetidas de siempre, la Cuesta de Miranda es uno de esos tramos de la Ruta 40 que todavía se sienten como un descubrimiento propio.

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