Partes del pollo que adultos mayores deberían consumir con moderación según especialistas en cardiogeriatría

El pollo es considerado, con razón, una de las carnes más recomendadas para personas mayores de 60 años. Es accesible, versátil y aporta proteínas de buena calidad. Sin embargo, no todas sus partes tienen el mismo perfil nutricional. Algunas concentran más grasa, colesterol o compuestos que pueden influir en la salud cardiovascular cuando se consumen con frecuencia y sin la preparación adecuada.

Especialistas en cardiogeriatría señalan que, después de los 60 años, el sistema circulatorio se vuelve más sensible a las grasas saturadas y al colesterol acumulado. Por eso, identificar qué partes del pollo conviene moderar puede marcar una diferencia importante en el control del colesterol, la presión arterial y la circulación general.

Por qué el pollo merece una mirada más cuidadosa después de los 60

Con el paso de los años, las arterias pierden elasticidad y el metabolismo de las grasas se vuelve más lento. Esto significa que el cuerpo tarda más en procesar los lípidos provenientes de los alimentos y que pequeños excesos sostenidos pueden traducirse en placas que dificultan la circulación.

El pollo, en general, es bajo en grasas saturadas comparado con carnes rojas, pero ciertas partes concentran más grasa visible y oculta. La clave no está en eliminarlo, sino en saber qué porciones limitar y cómo cocinarlas para reducir su impacto.

Las cuatro partes del pollo que conviene moderar

1. La piel

La piel es la parte que más grasa saturada y colesterol contiene en todo el pollo. Aunque aporta sabor y textura, su consumo frecuente puede elevar los niveles de colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, que se acumula en las paredes arteriales.

En adultos mayores, retirar la piel antes o después de cocinar reduce de manera significativa la grasa total del plato. Esto se vuelve aún más importante cuando el pollo se prepara frito, ya que la piel absorbe gran cantidad de aceite.

2. Los muslos y contramuslos con piel

Aunque la carne oscura del muslo aporta hierro y otros nutrientes, también contiene más grasa que la pechuga. Cuando se consume con piel y en preparaciones grasas, su aporte calórico y lipídico se multiplica.

Los especialistas sugieren consumir esta parte sin piel y combinarla con cocciones al horno, a la plancha o hervidas, evitando salsas cremosas o frituras prolongadas. Una o dos veces por semana suele ser una frecuencia razonable para la mayoría de los adultos mayores sin restricciones específicas.

3. Las alitas

Las alas son una de las partes con mayor proporción de piel respecto a la carne, lo que las convierte en una fuente concentrada de grasa. Además, suelen consumirse fritas, empanizadas o con salsas industriales ricas en sodio y azúcares añadidos.

Esta combinación de grasa saturada, sal y aditivos puede afectar la presión arterial y favorecer la retención de líquidos, dos factores que complican la salud cardiovascular en personas mayores. Si se desea disfrutarlas, lo ideal es prepararlas al horno, sin piel y con condimentos naturales.

4. La rabadilla o “obispillo”

Esta pequeña parte ubicada en la zona posterior del pollo concentra glándulas y tejido graso. Es una de las porciones con mayor contenido de grasa por gramo y, aunque tradicionalmente se consume en caldos y guisos, conviene retirarla, especialmente en personas con colesterol elevado, hipertensión o antecedentes cardiovasculares.

Eliminar la rabadilla antes de cocinar caldos también reduce la cantidad de grasa que se libera en el líquido, haciendo las sopas más ligeras y digestivas.

Cómo preparar el pollo de forma más amigable con el corazón

La forma de cocción puede ser tan importante como la parte elegida. Algunas recomendaciones útiles para adultos mayores incluyen:

  • Retirar la piel antes o después de cocinar, según la preparación.
  • Preferir cocciones al horno, a la plancha, al vapor o hervidas en lugar de frituras.
  • Evitar salsas industriales ricas en sodio, azúcares y grasas añadidas.
  • Condimentar con hierbas naturales como orégano, romero, tomillo, ajo y limón.
  • Acompañar con vegetales y granos integrales para mejorar el perfil nutricional del plato.
  • Controlar las porciones: entre 100 y 120 gramos por comida suele ser suficiente.

Frecuencia recomendada y equilibrio en la dieta

Consumir pollo entre tres y cuatro veces por semana puede ser parte de una alimentación saludable para adultos mayores, siempre que se alterne con otras fuentes de proteína como pescado, legumbres, huevos y, ocasionalmente, carnes magras. La variedad ayuda a obtener nutrientes diversos y a no sobrecargar al organismo con grasas saturadas provenientes de una sola fuente.

Las personas con colesterol alto, hipertensión, diabetes o antecedentes de enfermedad cardiovascular deberían consultar con su médico o nutricionista para personalizar estas recomendaciones según su caso.

Una decisión informada, no una restricción

El mensaje central no es dejar de comer pollo, sino consumirlo de manera más consciente. Reconocer qué partes contienen más grasa, ajustar la preparación y mantener porciones moderadas son cambios pequeños que, sostenidos en el tiempo, pueden contribuir a cuidar la circulación y el corazón en la etapa adulta mayor.

Cuidar la alimentación después de los 60 no implica renunciar al sabor ni a los alimentos cotidianos. Se trata de elegir mejor, cocinar con sentido común y escuchar las señales del cuerpo, acompañando estos hábitos con controles médicos periódicos.

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