Pasaje La Piedad: el rincón histórico de Buenos Aires que conserva su arquitectura del siglo XIX

En plena Ciudad de Buenos Aires, a escasos metros de una de las arterias más transitadas del país, se encuentra un rincón que parece haber escapado al paso del tiempo. Se trata del Pasaje La Piedad, un angosto callejón con forma de herradura ubicado en el barrio de San Nicolás, cuya atmósfera traslada a sus visitantes a la Buenos Aires de finales del siglo XIX.

Un refugio silencioso a metros del centro porteño

Aunque se encuentra a tan solo 800 metros del Obelisco y a tres cuadras del Palacio del Congreso, el Pasaje La Piedad ofrece un contraste sorprendente con el bullicio característico del microcentro. Su acceso principal está sobre la calle Bartolomé Mitre al 1525, y posee una segunda entrada que completa la singular forma de herradura del recorrido.

Quien atraviesa cualquiera de sus dos accesos se encuentra con un paisaje urbano poco habitual en la capital argentina: adoquines originales, silencio, fachadas armónicas y una quietud que invita a detenerse. Las viviendas, que suman un total de 114 unidades, mantienen en gran medida la función residencial para la que fueron concebidas hace más de un siglo.

Historia y construcción del pasaje

El Pasaje La Piedad fue levantado en dos etapas, entre los años 1888 y 1909. La obra fue impulsada durante la gestión del intendente Arturo Gramajo y estuvo a cargo de los arquitectos genoveses Nicolás y José Canales. La intervención final, que terminó de darle forma al conjunto, corrió por cuenta del reconocido arquitecto piamontés Juan Antonio Buschiazzo, una figura clave en la fisonomía edilicia de Buenos Aires de aquella época.

El nombre del pasaje rinde homenaje a la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario, templo histórico que se erige justo enfrente y que aporta un marco arquitectónico complementario al conjunto.

Arquitectura con sello italiano

Las construcciones del pasaje se organizan en tres cuerpos diferenciados, y 49 de las unidades dan directamente a la calle empedrada. Cada vivienda presenta particularidades estéticas en su fachada, pero todas comparten una clara influencia de la arquitectura italiana del siglo XIX, lo que genera una unidad visual que resulta encantadora para visitantes y vecinos.

Entre los detalles que aún se conservan se destacan:

  • Puertas de madera originales con tallados de época
  • Trabajos de herrería artesanal del siglo XIX
  • Adoquines en el suelo del pasaje
  • Ornamentos y molduras en las fachadas

Con el correr de los años, los propios residentes decidieron instalar un vallado en los ingresos para reforzar la seguridad del lugar. Sin embargo, esta intervención no alteró el carácter ni el encanto histórico del enclave, que sigue siendo uno de los rincones más fotografiados por quienes descubren su existencia.

Un escenario marcado por la cultura argentina

Más allá de su valor arquitectónico, el Pasaje La Piedad ocupa un lugar destacado en la memoria cultural del país. Por sus veredas circularon y en sus casas vivieron varias personalidades emblemáticas del arte y el espectáculo nacional. Entre los nombres más reconocidos se encuentran:

  • El humorista Alberto Olmedo
  • El director de orquesta y referente del tango Juan D’Arienzo
  • El bandoneonista Miguel Caló
  • El bailarín de proyección internacional Jorge Donn
  • El director de cine Enrique Carreras
  • El periodista Andrés Percivale

Además, según diversos relatos, el escritor Jorge Luis Borges solía caminar por estos adoquines, y se atribuye al lugar parte de la inspiración de algunas de sus obras vinculadas con la Buenos Aires antigua.

El pasaje en la pantalla grande

El cine argentino también encontró en el Pasaje La Piedad un escenario ideal para ambientar producciones de distintas épocas. Su estética detenida en el tiempo lo convirtió en una locación recurrente para films que necesitaban recrear la atmósfera de comienzos del siglo XX. Algunas de las películas filmadas allí son:

  • Pobre mi madre querida (1948)
  • La orquídea (1951)
  • Mi noche triste (1951)
  • Un guapo del 900 (1960)
  • Fiebre de la Primavera (1965)
  • El infierno tan temido (1980)

Cómo visitarlo

Es importante tener en cuenta que el Pasaje La Piedad es un espacio privado, por lo que habitualmente permanece cerrado al público general. No obstante, sus dos accesos permiten asomarse y apreciar desde allí la totalidad del recorrido, las fachadas y los detalles arquitectónicos que lo distinguen.

Para quienes recorren la Ciudad de Buenos Aires buscando lugares menos transitados por el turismo masivo, este pasaje representa una parada obligada. Es una oportunidad para conectar con la historia urbana y descubrir cómo, en medio del vértigo metropolitano, todavía existen espacios que conservan intacta la memoria de otra época. Una visita breve basta para comprender por qué este sitio es considerado uno de los tesoros ocultos del patrimonio porteño.

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