7 pueblos de Argentina que parecen sacados de un cuento

Hay pueblos que uno visita porque están cerca, y hay otros que parecen dibujados a mano. Estos siete quedan en distintos rincones del país —de la Patagonia al Cuyo— pero comparten algo: la primera vez que uno llega, cuesta creer que sean reales.

1. Colonia Suiza (Río Negro)

A pocos kilómetros de Bariloche, sobre la Vuelta al Circuito Chico, Colonia Suiza conserva la arquitectura de sus primeros colonos centroeuropeos, que llegaron entre 1899 y 1945: casitas de madera, techos a dos aguas y una feria artesanal los fines de semana. La cervecería artesanal del pueblo es parada obligada.

2. La Cumbrecita (Córdoba)

Es peatonal: se deja el auto en la entrada y se recorre a pie. Sus casas de estilo alemán, los senderos entre bosques y las cascadas que aparecen sin aviso le dieron fama de “pueblo de cuento” mucho antes de que la frase se pusiera de moda en redes.

3. La Carolina (San Luis)

A 2.000 metros de altura, con calles empedradas y casas de piedra que todavía cuentan la fiebre del oro que tuvo el pueblo a fines del siglo XIX. Las minas abandonadas se pueden visitar, y el mirador del cerro Tomolasta es uno de los mejores de la provincia.

4. Gaiman (Chubut)

La aldea galesa del Valle del Chubut mantiene sus casas de té centenarias, donde todavía se sirve la torta galesa con la misma receta que trajeron los primeros inmigrantes en 1865. Las construcciones de piedra junto al río completan el cuadro.

5. Cachi (Salta)

Pueblo colonial de calles empedradas y casas blancas, con la Cordillera y el Nevado de Cachi de fondo. La iglesia de San José, con su techo de cardón, es una de las postales más fotografiadas de los Valles Calchaquíes.

6. Villa Traful (Neuquén)

Chico, tranquilo, con un lago turquesa que cambia de color según la hora del día y playas a las que se llega caminando desde el pueblo. Menos multitudinario que otros destinos de la zona de los lagos, con bosques que lo rodean por completo.

7. Valle Fértil (San Juan)

La puerta de entrada al Parque Ischigualasto (Valle de la Luna), pero también un pueblo con su propio encanto: dique, cardones, algarrobos y una riqueza paleontológica que se nota hasta en los nombres de sus calles.

Un consejo antes de salir

Ninguno de estos pueblos tiene grandes cadenas de hotelería ni carteles de neón: son destinos para reservar con anticipación, especialmente en temporada alta. Vale la pena llegar un día antes y quedarse a dormir — es después del atardecer, cuando se van los que vienen de paseo por el día, que estos pueblos muestran su versión más real.

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